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lunes, 23 de abril de 2018

San Cayetano y la lucha por el agua

Por Manolo

Los habitantes de San Cayetano saben bien lo que es luchar por su agua. El pequeño pueblo, situado en el municipio El Bagre, a su vez localizado a nueve horas en automóvil desde Medellín, cuenta con una quebrada que abastece del vital líquido al acueducto local, el cual es tal vez el más preciado de los bienes que conserva esa localidad, y que ni la guerra, el abandono estatal ni las amenazas de grupo radicales han logrado quitarles. Luego de años de ser golpeados por la muerte, la desmemoria y la falta de esperanzas, todavía no ha habido nada que los despoje de su tesoro.

La pelea para mantenerse firmes en su idea de crear un acueducto comunitario ha sido mucho más dura que lo imaginado. San Cayetano se mantuvo en el medio del conflicto armado colombiano durante casi cuatro décadas, debido a que por su ubicación sirvió como puesto estratégico para las fuerzas de la FARC en su enfrentamiento con los paramilitares por dominar la zona del Bajo Cauca, la cual forma parte del departamento Antioquia. Como resultado, se quedaron sin escuela y sin puesto de salud, además de convertirse en la región que más desplazados tuvo.

El acueducto, que sirve de abasto también al corregimiento de Puerto López, ha sido una víctima más de la violencia. El sitio fue creado hace exactamente 33 años por la Junta Seccional de Salud, que puso los materiales y construyó la red de alcantarillado, a la vez que los habitantes fueron la mano de obra. A partir de aquel momento, pasó a ser parte fundamental en la rutina de los pobladores, quienes diariamente se dedicaban a cubrir la distancia ascendente con el objetivo de darle mantenimiento.

Con la llegada de la guerra, todo eso fue quedando en un segundo plano. En 2000, el paramilitar Carlos Mario Jiménez, conocido como Macaco, llegaba allí en busca de poder y tierras, al frente de su Bloque Central Bolívar de las Autodefensas. Sus constantes choques con la desaparecida guerrilla de las FARC, provocaron el abandono de los comunitarios de la vereda, quienes se movieron a Puerto López. En aquel momento el acueducto quedó desprotegido, y fue usado como un objeto de gran valor junto con el bosque circundante.

Pasó el tiempo y aquello dejó de ser un fortín. Poco a poco los habitantes lograron que ocasionalmente les dejaran practicar las labores de mantenimiento, aun a pesar de las negativas de los soldados.

No obstante, es posible que la desidia por parte de gobierno haya sido un enemigo incluso peor que los violentos paramilitares. Entre la falta de recursos y de dinero, la gente de San Cayetano ha tenido que obrar milagros para mantener su acueducto. Rifas, recaudaciones, y ventas de objetos personales han sido sus alternativas, además de la esporádica ayuda del alcalde del problado El Bagre.

Por el servicio, cada familia debe pagar mensualmente una cifra que oscila entre los 8 mil y 12 pesos, en base a su poder adquisitivo. Con esos ingresos es que se le paga al plomero y a la secretaria, mientras que los “jefes” trabajan gratis, aunque los vecinos de vez en cuando les dan algo para ayudarlos.

Otro tema es la pureza del agua, que aunque no está tratada es potable. También hay lo suyo con el abasto, pues por ejemplo, a los barrios de María Auxiliadora, El Prado y San Marcos el líquido no llega por ausencia de tuberías.

La “bendita” quebrada tiene un total de cinco nacimientos, tres de ellos sin cobertura arbórea, lo cual causa que su caudal decrezca demasiado, casi hasta un 30 por ciento. Últimamente la tala ha sido un gran freno, y si no ha dañado más al ecosistema ha sido por el trabajo de la organización Trópico Diverso, que se ha dedicado a plantar árboles para proteger la cuenca.

Por otra parte, la Organización Internacional de Maderas Tropicales (ITTO, por sus siglas en inglés), ha sido otro que ha dado gran ayuda a San Cayetano. Ellos fueron quienes donaron la alberca para la decantación y el drenaje del agua.

Pese a toda la ayuda y el intenso trabajo de protección, actualmente, los pobladores ansían que alguien se fije en ellos, pues de no ser así, solo les queda un año de agua.